Nido

Nuestro ambiente de nido es un espacio preparado para bebés de entre 4 y 18 meses aproximadamente. Está pensado y diseñado desde los tres pilares más importantes de acercamiento a la infancia, desarrollo pleno natural, respeto y amor para que encuentren aquí su refugio y extensión de hogar. 

Cuando hablamos de desarrollo pleno natural hablamos de movimiento libre. El ambiente en nuestro espacio despierta en el bebé el sentido por descubrir, por experimentar. El mobiliario le provoca pequeños retos y avances en su desarrollo psicomotor, siempre desde su propia iniciativa y de forma autónoma.

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El rol del adulto en este aspecto es de acompañante del bebé, proporcionándole la seguridad necesaria para que se desarrolle por sí mismo, dejando a un lado el papel intervencionista y, así, poder fomentar el desarrollo natural del bebé logrando, por sí mismo, un desarrollo armónico de la lateralidad, el equilibrio y el movimiento.  Moverse en libertad no sólo va a favorecer que desarrolle una mejor salud corporal sino que le va a conferir una mayor toma conciencia de su cuerpo, de sí y su entorno; así como de sus posibilidades o límites, y una mayor confianza en su capacidad de tomar decisiones o sentimiento de competencia sólido.

«Intentar enseñar a un niño algo que puede aprender por sí mismo, no es tan sólo inútil sino perjudicial» Emmi Pikler. Respetamos al bebé en su propia toma de decisiones, en cuanto a qué quiere experimentar y qué no. Esto no significa no tener contacto con el bebé, sino en crear una relación basada en el respeto a sus ritmos y a sus necesidades, sin imponerles nada; creando un vínculo afectivo seguro y tranquilo sabiendo que es a partir de este lazo de unión donde el bebé se siente querido y respetado.

El bebé que ha experimentado el respeto y el afecto de su acompañante, además de sentirse seguro en un ambiente preparado y diseñado especialmente para el desarrollo de su etapa, es un bebé que se siente capaz de realizar acciones por la satisfacción de hacerlas por y para sí mismo. Movido por su maestro interior, el infante necesita expresar y experimentar con actos que tengan un fin concreto, como por ejemplo echarse agua en un vaso, para saciar su sed. Esto le llevará a construir y fomentar su autonomía, y por lo tanto su personalidad.

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