Ya sabemos que el Solsticio de invierno es un día único entre todos los días del año por una característica muy particular: ¡es el día más corto seguido de la noche más larga, un triunfo de la oscuridad sobre la luz!
Pero este es un triunfo muy breve, pues el Solsticio también es un punto de inflexión: de aquí en adelante las noches se van haciendo cada vez más cortas y los días más largos…
La eterna batalla entre la oscuridad y la luz (el mal y el bien) que se ha desarrollado a lo largo de siglos en diversas tradiciones ha sido el origen de las múltiples tradiciones asociadas a este periodo del año. En todas ellas de la oscura matriz de la noche, de la perversa, negra y total oscuridad nace la luz, que siempre vence.
Sin embargo, debemos considerar que la oscuridad y la luz son valiosas como partes inseparables de la misma entidad, y ninguna puede existir sin la otra. Nunca apreciaremos suficientemente la luz si no hemos atravesado un largo periodo de oscuridad. 
Este es un buen momento para reconciliarnos con nuestra parte oscura de forma natural, es un buen momento para perdonar y perdonarnos, para soltar y liberar todos nuestros resentimientos y todo tipo de excusas que nos impiden seguir adelante, todas aquellas cosas capaces de retenernos en la oscuridad más tiempo del necesario, haciéndolo con la firme convicción que todo ello será transformado.

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Significado de la espiral

El hombre prehistórico solía dibujar espirales en sus pinturas rupestres, y parece que en muchos lugares representaba el ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento, así como El Sol también solía ser representado como una espiral (ya que se creía que nace
todas las mañanas, muere tras el atardecer y renace a la mañana siguiente).
La espiral es la forma más esquemática de le evolución del universo. Era un signo macro cósmico, por su sentido de movimiento y desarrollo progresivo. La espiral es uno de los símbolos más antiguos que existen en la cultura celta, representando el concepto del crecimiento, fuerza vital, expansión y reencarnación, utilizándose como representación del tiempo y del movimiento de las estrellas, llegándose a usar incluso en primitivos calendarios, sorprendentemente exactos para la época.
Una espiral hacia la derecha, es decir, girando en el sentido de las agujas del reloj, simboliza el sol de invierno que se encoge. Se dice que este tipo de espiral era usada para invocar al elemento agua o señalar fuentes potables y era símbolo de buena
suerte ya que representaba el equilibrio, la armonía del sol con la tierra.
En la fiesta de la Espiral de Adviento cada niña y niño camina por la espiral que, esa mañana, hemos elaborado, entre peques y profes, con elementos naturales de nuestro entorno, como ramas, flores secas… En el centro de la espiral colocamos una vela y los niños van caminando hacia ella para encender su vela, posteriormente van colocando su luz en los lugares marcados por las estrellas que intercambian por su luz y se llevan con ellos fuera de la espiral para mantener en sus manos. La gran vela del centro da luz a los niños como símbolo de su continuo crecimiento y desarrollo.

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Foto de Escuela Alma Montessori
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